No sé cómo empezar. Últimamente el hábito de escribir va siendo menos y menos frecuente en mi día a día y ya se va tornando difícil el hilar mis ideas hasta formar coherencia entre oraciones.
Quizá podría empezar diciendo que me siento mal, pero eso sería demasiado exagerado, quizá.
De camino a casa, a la salida del colegio empecé a meditar sobre algunas cosas y me gustaría compartirlas con ustedes y de paso desahogarme.
Encuentro a la vida demasiado injusta y si la percibo así a mis 16 años, donde mi entorno no es más que mis lugares de estudio y mi casa, no quiero suponer lo que sería cuando deba de enfrentarme a nuevas realidades y sociedades.
Me apena, ciertamente, vivir en en un mundo donde la solidaridad abarca literalmente todo, dejando atrás al esfuerzo que algunas personas puedan llegar a emprender para lograr algo. Detesto esa injusticia que usa de fachada al 'amiguismo' para conseguir algunos logros cuando hay muchas personas que se sacrifican con integridad para alcanzar esos méritos. Partiendo de ahí, me hago la misma pregunta que muchos se han de hacer.

¿Para qué esforzarse si no valdrá la pena y nadie lo reconocerá? ¿Para qué estudiar tanto si al final los que no saben copiarán de las personas que sí se sacrificaron estudiando y tendrán la misma jodida nota? ¿Para qué estudiar cinco, seis, siete, diez años si puedo obtener mi título en dos semanas? ¿Para qué trabajar con sudor y lágrimas cuando hay personas que trabajan una o dos veces por semana y tienen salarios millonarios?
¿Cuándo vamos a revelarnos, cuándo?
Tengo un examen dentro de un par de horas. Sinceramente debería estar estudiando para ello, pero no puedo pasar desapercibido este agobio que simplemente va creciendo con cada día que pasa.
No me siento conforme conmigo misma. Siento que no soy lo suficientemente buena, ni para mí, ni para mi mamá, que desde que tengo memoria siempre ha hecho un sacrificio abismal para brindarme todas las herramientas que me lancen a un futuro prometedor.
En primer curso me quité un pinche cuatro en informática en la primera etapa. Y debo vivir con los 'regañitos' y los 'pequeños plagueos' de mi familia cada vez que se hace mención al tema.
Si no fuera por ese sentimiento de 'deuda' que suelo abrazar en mi intimidad para con ellos, eso y mucho más me habría valido madres hace mucho tiempo.
Soy una típica adolescente como cualquier otra. Me gusta reunirme con amigas. Salir de paseo. Ir al cine. Desvelarme por las noches chateando con las personas que me gustan y dormir con una amplia sonrisa en los labios por las bonitas palabras intercambiadas. Me gusta despertar hasta tarde, sin la ayuda del feo de mi despertador. A veces me gustaría gastar mis horas simplemente escuchando música, cerrando los ojos e imaginando mil y una irrealidades y fantasías que quizá jamás pasen, sino, perderme en decenas y decenas de libros sin preocuparme por las cosas que tengo para mañana, pasado, o la próxima semana. O cuando tenga que estudiar, que sea por mero gusto y no por deber, porque he de tener que ser sincera al dar a conocer mi amor por ciertos temas de la historia de nuestra humanidad y algunas ciencias.
Pero al final y al cabo, soy normal, como todos los adolescentes. Nada me excluye de esos parámetros.
Sólo me esfuerzo en destacarme por aquel ideal de ser una excelente profesional algún día.
Pero me desanimo, mucho. Nada de eso me garantiza que valdrá la pena cuando veo gente mediocre que se hace pasar por ' grandes profesionales', o ineptos que están a cargo del 'desarrollo' del país.
Empieza con un copiatín en el examen. ¿A dónde termina eso?
No hay comentarios:
Publicar un comentario