Unas palabras

Creo que todas las personas tenemos la necesidad de mínimamente ser escuchadas, si no es posible el ser consoladas. Por eso existe esto, un blog dedicado a todos mis pensamientos y percepciones de la vida a mis dieciséis años. Pueden parecer ideas tontas, inmaduras, patéticas, dramáticas, exageradas o sin sentido, mas por tal motivo doy a entender en todo momento que son opiniones y puntos de vista de una joven chica, quien prácticamente no sostiene aún idea concreta de lo que es vivir.
Cualquier consejo, opinión o crítica constructiva siempre será bienvenida.
Bajo el seudónimo de L. J. Carstairs, soy de Paraguay y si estás esto leyendo, déjame decirte que es un gusto que lo hagas. Escribo por simple placer y necesidad, mas no niego la satisfacción que crece desde el interior al saber que alguien presta atención a mis estulticias.
Sin más ni menos, bienvenido a mi nebulosa.

lunes, 3 de noviembre de 2014

Más allá de tus ojos


Casualmente soñar hace inevitable la lucha por nuestra felicidad idealizada, siguiendo por lo tanto, cada creatura, el camino jamás transitado que lo llevará a la cumbre de su máximo ideal.
Tú aquí preocupándote por la vida que en cada suspiro se te va, viviendo en cada recuerdo manifestado en lágrimas y en cada por venir expresado en preocupaciones.
¿Qué no lo entiendes? La vida no es lo que tú crees ver, más allá de esos agotados ojos yace todo lo que tú siempre has anhelado.
Y si yo elegí esta vida no es por la fe ni las esperanzas depositadas al buen karma, es simplemente por las ganas de ser feliz haciendo lo que amo, arte.

Mi amiga, la música.


Me gusta deleitarme con ella de cara al tenue sol, con su leve brillo, matizando con su calor las apagadas melodías que con tanto afán disfruto producir. Me gusta tocar depacio, suave, imaginando las cuerdas cual terciopelo, algo que debe de ser ejecutado con cuidado, a la expectativa que algo mágico salga tras las notas de una escala menor armónica. Cantando despacio, escuchando tras mi voz los mensajes de mi propia alma en esas veces donde ni siquiera yo me reconozco. Cerrar los ojos, desconectarme del mundo, cuando mi mundo no es más que mi soledad y yo misma. Soledad; Hay artes que son para uno mismo, artes que conllevan al autodescubrimiento y solo pueden ser escuchados por los oídos del propio creador.
Me gusta romper el silencio de las emociones con los arpegios, ahí, donde la tibieza del sol me abraza, ahí donde nadie observa, ahí donde graciosamente el alma se desnuda. Me gusta cantar, cantar para no romper en llanto en la oscuridad, cantar para expresar alegrías a los demás. Agarrar una guitarra cuando sienta la misma sed de un lápiz y un papel y afanosa en expresarme, ponga en ello emoción, alma y cuerpo.
¿Qué más hermoso que cantar cuando uno quiere? ¿qué más perfecto que ejecutar cuando nace como quebranto del alma que necesita ser saciado?
No es cuando el público pida, es cuando del artista nazca.

Querido Amigo;


¿Nunca te ha invadido el abrumador deseo de gritar eufóricamente, bailar dando brincos por doquier y cantar a todo pulmón sin percatarte de los ojos clavados en ti? ¿De sonreír estúpidamente sin que te importe cuan tonto y absurdo puedes verte? ¿De ser quien eres sin miedo a las críticas y a los insultos? Dejando de lado esa libertad de expresión que solo el arte nos puede conceder, entre nuestras obras llenas de frustraciones, miedos, engaños y confusiones, para ser ríos constantes, canales de manifestación de nuestro verdadero ser.
Hay cosas que un simple papel no puede contenerlo, ni la voz del cantor, ni el instrumento del músico, cosas que deben de ser expresadas en nuestras miradas, nuestros gestos, acciones y nuestras opiniones.
Llega cierto punto en que uno se hostiga de las presiones, las responsabilidades, limitaciones y expectativas que la familia, los amigos y conocidos esperan de uno, para dar paso; sin reservas a la rebeldía, que pese a las decepciones que provoca, es imposible no dejarse invadir por el bienestar que produce el libre albedrío, atestiguando que solo nosotros disponemos de las herramientas y los derechos de controlar nuestras vidas e ir por los senderos que nuestro corazón nos guíe entre inaudibles susurros que tarde o temprano escuchamos.

A veces me desaliento terrible.

No sé cómo empezar. Últimamente el hábito de escribir va siendo menos y menos frecuente en mi día a día y ya se va tornando difícil el hilar mis ideas hasta formar coherencia entre oraciones.
Quizá podría empezar diciendo que me siento mal, pero eso sería demasiado exagerado, quizá.
De camino a casa, a la salida del colegio empecé a meditar sobre algunas cosas y me gustaría compartirlas con ustedes y de paso desahogarme.
Encuentro a la vida demasiado injusta y si la percibo así a mis 16 años, donde mi entorno no es más que mis lugares de estudio y mi casa, no quiero suponer lo que sería cuando deba de enfrentarme a nuevas realidades y sociedades.
Me apena, ciertamente, vivir en en un mundo donde la solidaridad abarca literalmente todo, dejando atrás al esfuerzo que algunas personas puedan llegar a emprender para lograr algo. Detesto esa injusticia que usa de fachada al 'amiguismo' para conseguir algunos logros cuando hay muchas personas que se sacrifican con integridad para alcanzar esos méritos. Partiendo de ahí, me hago la misma pregunta que muchos se han de hacer.

¿Para qué esforzarse si no valdrá la pena y nadie lo reconocerá? ¿Para qué estudiar tanto si al final los que no saben copiarán de las personas que sí se sacrificaron estudiando y tendrán la misma jodida nota? ¿Para qué estudiar cinco, seis, siete, diez años si puedo obtener mi título en dos semanas? ¿Para qué trabajar con sudor y lágrimas cuando hay personas que trabajan una o dos veces por semana y tienen salarios millonarios?

¿Cuándo vamos a revelarnos, cuándo?
Tengo un examen dentro de un par de horas. Sinceramente debería estar estudiando para ello, pero no puedo pasar desapercibido este agobio que simplemente va creciendo con cada día que pasa.
No me siento conforme conmigo misma. Siento que no soy lo suficientemente buena, ni para mí, ni para mi mamá, que desde que tengo memoria siempre ha hecho un sacrificio abismal para brindarme todas las herramientas que me lancen a un futuro prometedor.
En primer curso me quité un pinche cuatro en informática en la primera etapa. Y debo vivir con los 'regañitos' y los 'pequeños plagueos' de mi familia cada vez que se hace mención al tema.
Si no fuera por ese sentimiento de 'deuda' que suelo abrazar en mi intimidad para con ellos, eso y mucho más me habría valido madres hace mucho tiempo.
Soy una típica adolescente como cualquier otra. Me gusta reunirme con amigas. Salir de paseo. Ir al cine. Desvelarme por las noches chateando con las personas que me gustan y dormir con una amplia sonrisa en los labios por las bonitas palabras intercambiadas. Me gusta despertar hasta tarde, sin la ayuda del feo de mi despertador. A veces me gustaría gastar mis horas simplemente escuchando música, cerrando los ojos e imaginando mil y una irrealidades y fantasías que quizá jamás pasen, sino, perderme en decenas y decenas de libros sin preocuparme por las cosas que tengo para mañana, pasado, o la próxima semana. O cuando tenga que estudiar, que sea por mero gusto y no por deber, porque he de tener que ser sincera al dar a conocer mi amor por ciertos temas de la historia de nuestra humanidad y algunas ciencias.
Pero al final y al cabo, soy normal, como todos los adolescentes. Nada me excluye de esos parámetros.
Sólo me esfuerzo en destacarme por aquel ideal de ser una excelente profesional algún día.
Pero me desanimo, mucho. Nada de eso me garantiza que valdrá la pena cuando veo gente mediocre que se hace pasar por ' grandes profesionales', o ineptos que están a cargo del 'desarrollo' del país.
Empieza con un copiatín en el examen. ¿A dónde termina eso?